ELŌRED
El Cuaderno de ELŌRED
Notas de la Fundadora · 10

Madrid, donde nació ELŌRED

Una marca también pertenece al lugar desde el que se imagina.

ELŌRED nació en Madrid, aunque yo no.

Nací en Cuba y llevo muchos años viviendo en España. Quizá por eso siempre me ha interesado esa sensación difícil de explicar por la que un lugar que no es el de nuestro origen puede, un día, empezar a sentirse como casa.

Madrid tiene algo de eso.

Es una ciudad a la que llega gente de todas partes y que, de alguna manera, consigue hacer sitio. Puedes haber nacido a miles de kilómetros y terminar hablando de una calle, un mercado, un restaurante o una plaza con esa familiaridad reservada a los lugares que sentimos nuestros.

Hay algo maravilloso en sentirse bienvenido y creo que, sin haberlo buscado conscientemente, esa idea también ha terminado formando parte de ELŌRED.

Una forma de recibir

Siempre he imaginado la voz de ELŌRED como la de una buena anfitriona.

No necesita demostrar constantemente que su casa es especial. Abre la puerta, recibe, cuida los detalles y consigue que quien entra se sienta a gusto.

Hay belleza, pero se puede tocar. Hay sofisticación, pero no solemnidad. Existe una cierta distancia que conserva el deseo, sin llegar nunca a convertirse en frialdad.

Esa combinación se parece mucho al Madrid que yo conozco; una ciudad elegante y vital, sensorial, imperfecta, en la que el placer forma parte de la vida: una mesa que se alarga, una copa, el olor de una cocina, una conversación, la luz todavía presente al final de la tarde.

No necesito trasladar esos elementos literalmente a ELŌRED para reconocer algo de ellos en su carácter.

Un lugar desde el que crear

Aquí aparecieron el nombre de ELŌRED, sus colores, sus primeras fragancias y las decisiones que fueron construyendo su identidad.

La marca nació en Madrid y sus velas se fabrican en España. Su origen forma parte de su historia, pero no quiero convertirlo en un decorado.

Me interesa algo más sutil: conservar esa mezcla de calidez, sensualidad y sofisticación, y sobre todo una determinada manera de recibir.

Porque crear algo para la casa implica, de alguna manera, pedir permiso para entrar en un espacio íntimo.

Y si ELŌRED consigue ocupar algún día un lugar en el tuyo, me gustaría que lo hiciera como hacen los buenos anfitriones: haciéndote sentir que estás en casa.

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